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Cruzando el mar - 2003

 

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Cruzando el Mar es una experiencia humana de libertad. Es la experiencia de aquellas personas, del ayer, del hoy y del mañana, que se estremecen ante toda forma de humillación, servidumbre, opresión, utilización y sumisión del hombre por si mismo o por otros. Es la experiencia de aquellas personas que deseas ardientemente su libertad y la de sus semejantes y 

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que la buscan incansablemente. Si tú eres una de estas personas seguro que te vas ha identificar con los sentimientos, personajes y hechos que presentamos en este espectáculo. Porque si anhelas la libertad con corazón sincero ya habrás descubierto que la libertad no es empresa de solitarios sino de grupos humanos, que la libertad es un camino de dificultades y debilidades, que la libertad es una forma de vida que da felicidad, que la libertad es un legado que conquistamos para nosotros y para los demás.

Cruzando el Mar muestra un camino de liberación, el camino de liberación de aquellas personas que lo han hecho y lo hacen de la mano de Dios. Esta pieza teatral está inspirada en la liberación del pueblo hebreo de su esclavitud en Egipto, guiados por Moisés, tal y como se presenta en el Antiguo Testamento. Sin embargo, no pretendemos narrar una historia, más o menos conocida, de algo que sucedió hace miles de años. Con este espectáculo audiovisual queremos mostrar la experiencia universal de la libertad humana en cuatro actos:

En el primer acto vamos a sentir el corazón curioso y conformista de un llamado Moisés que se enfurece ante la injusticia que esclaviza e insensibiliza al hombre. Dios hace suyo al hombre liberado se revela a él y le da una misión que no es otra que la de despertar las conciencias encadenadas de sus semejantes para que todo hombre pueda gozar del amor de Dios. Como Moisés, seguramente tú también has sentido la duda, la impotencia, el miedo, el rechazo y el deseo de huir de todas aquellas decisiones que, sabes, te van a enfrentar con otras personas pero que , también sabes son el único camino para seguir siendo digno, pleno y libre, es decir, Hijo de Dios.

El segundo acto presenta la caricatura de los poderoso figurantes de todos los tiempos, lugares y situaciones del planeta que, como el faraón de Egipto y su corte, viven para sus ambiciones y por ellas son despiadados opresores de sus semejantes. Estos sujetos despliegan, con especial arrogancia, su mezquindad sobre las personas que no se doblegan a sus deseos, pero Dios no condena, espera que el mezquino caiga en las redes de su propia ignorancia y cobardía. En esta espera Dios actúa mostrando que el camino de la libertad nace de la constancia, la resistencia, la inteligencia, la valentía y la unidad que logra vencer la terquedad de la opresión.

El tercer acto es el canto de gozo y alabanza a Dios de todas aquellas personas que, alguna vez en su vida, se han sentido libres, liberadas… Si has sentido esto quizás puedas cantar y orar con nosotros.

El cuarto acto muestra la alegría que nace de la felicidad que alcanzan los hombres libres, pero también muestra el acecho constante de las esclavitudes en el hombre. Muestra un tipo de esclavitud más sutil y por ello más peligrosas y difícil de erradicar, es la que nace del corazón soberbio que busca la seguridad en la satisfacción de los sentidos y los ídolos. Esta es la esclavitud que padeció el pueblo hebreo en su camino del desierto y da la que no se libra por empeño propio, ningún hombre. Este tipo de esclavitud enemista al hombre con Dios por lo que de ella sólo nos rescata en el arrepentimiento y la súplica del justo. Finalmente las tablas de la Ley simbolizan que el camino de la libertad no acaba con la liberación si no que exige el compromiso con una nueva forma de vida marcada con los signos de Dios.