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¿Quién es Maria?

Por los Evangelios sabemos que María es “la madre”: creyente, generosa, atenta, abnegada … no podría ser menos siendo la Madre de Jesús. María es la “Madre Buena” que todo hombre necesita, para caminar con paso seguro en esta vida; para ser hombre en cuerpo y en espíritu. Desde sus primeros siglos hasta el momento actual, la Iglesia de Cristo ha ido comprendiendo que María es, además, un ser excepcional: Maria es la “MADRE DE DIOS”, por el Espíritu de Dios y por sí misma.

Sólo la imaginación poética, que proyecta experiencias y anhelos personales, tiene la osadía de representar el aspecto físico, el carácter, la personalidad o las circunstancias particulares de María. La iluminación de la fe unida a la experiencia de la razón, sin embargo, despiertan la admiración por un ser, que siendo humano, manifiesta, como ningún otro, lo divino.>Sólo, un ser humano, tocado por la pureza de Dios, puede creer en los absurdos proyectos de Dios. Sólo, un ser humano ingenuo e inocente, bañado diariamente por la Gracia, puede creer … en los imposibles de Dios. - ¡Como puede ser…!- pero Maria, sencillamente, dice: -¡Sí!-. Sólo, un humano, tocado por la inteligencia sensible de Dios, cultivada cada día con la reflexión, el trabajo y la oración; puede ser morada, cobijo, alimento, consuelo … HOGAR DE DIOS.

María es la madre orgullosa que ayuda a su hijo a crecer en cuerpo, sabiduría y bondad. Es la madre alegre que acoge los amigos de Jesús: pobres hombres, humildes y desheredados del mundo. María intuye y teme, como nadie, la envidia y la ambición del hombre contra la verdad de Jesús. Pero María confía: en su hijo … cómo en el mismo Dios.

María es la mujer que, sin motivo … pierde la ilusión de su vida … ¡su Gran Amor! Y Dios … ¡No hace nada ante tanta injusticia! Ella vive, como nadie, la despiadada sinrazón del dolor y la absoluta impotencia de la ausencia de Dios. Con el corazón deshecho, sola, abandonada, decepcionada …; esta mujer mantiene una voluntad única y sigue confiando: en su hijo … como en el mismo Dios.

María es misterio gozoso de Dios, en medio del dolor.

Maria, tocada, como nadie, por los dones del Espíritu, hace posible la Iglesia de Cristo.